Principales características de la masía catalana
Como muchas otras zonas rurales de Europa, el campo catalán se caracteriza por su tradicionalismo reflejado en casas payesas y caseríos, arquitecturas típicas que realzan su belleza. La masía catalana es más que un estilo arquitectónico histórico de España, es un compuesto cultural que ha reflejado una forma de vida durante cientos de años y ha influido en arquitecturas posteriores.
A pesar de que el estilo y la estructura de las masías varían, existen dos tipos principales: aquellas con un único edificio, con espacio para animales y diversas actividades agrícolas, y las que tienen un edificio principal con varias dependencias y tejados a dos aguas, incluyendo incluso capillas privadas.
Las típicas masías catalanas están divididas en dos y tres plantas. La distribución de los espacios interiores es uno de los aspectos más cuidados de estas edificaciones. En la planta baja solía estar la cocina y dependencias para albergar a los animales. Por su parte, en la primera planta o planta principal era donde residía la familia: dormitorios, salón, comedor y sala de estar.
En el caso de haber una tercera planta, esta solía usarse como ático para almacenar productos agrícolas y secar la cosecha. Este tipo de espacios también podían construirse como un anexo para conformar patios.
Ahora bien, en cuanto a los materiales de decoración de masías catalanas utilizados en su construcción, estuvieron determinados por las zonas en las que se ubicaba cada una. Es decir, en regiones de alta montaña, en zonas de media montaña o en las llanuras. De esta manera, en las zonas montañosas se utilizaba la piedra para los muros y la pizarra para los tejados, mientras que el adobe era el material de elección en los lugares donde la piedra era difícil de conseguir.
Así nos damos cuenta de que, al igual que existen diferentes tipos de viviendas, la masía catalana es una construcción con sus propias singularidades. Sin embargo, un hecho que suelen tener todas en común es que la mayoría están orientadas hacia el sur para obtener la máxima exposición a la luz solar. Dado su uso como parte de una explotación agrícola o ganadera, suele ocupar una superficie de entre 20 y 300 hectáreas.