Arquitectura brutalista: características
Principalmente se caracterizó por sus superficies ásperas e inacabadas, formas inusuales, materiales de aspecto pesado, líneas verticales y horizontales y ventanas pequeñas. Si bien el material que más se empleaba era el hormigón, la arquitectura brutalista también adopta otros como el ladrillo, el vidrio, el acero y la piedra tosca.
En los edificios que denotan esta arquitectura normalmente se observan elementos modulares repetidos que forman masas, áreas funcionales específicas, claramente articuladas y agrupadas en un todo unificado. Estéticamente, las características del brutalismo arquitectónico encajan en el contexto del modernismo europeo de las décadas de 1950 y 1970, con su búsqueda de nuevos medios de expresión.
La singularidad de este movimiento radica en la intención de mostrar todos los componentes tangibles de la arquitectura y, por tanto, las formas austeras y las materias primas. Fueron en parte estos aspectos los que marcaron la caída del estilo arquitectónico brutalista de cara a la década de 1980, ya que a menudo esa naturaleza fría se asoció con el totalitarismo. Por otra parte, el hormigón en bruto utilizado en algunas construcciones mostró signos de daño por agua y deterioro que afectaron a la estética general.
Asimismo, influyó el hecho de considerarse parte de la arquitectura socialista, debido a que la mayoría de los arquitectos se inspiraron en la idea de una sociedad idealista. Se creía que sus edificios podrían ayudar a formar un mundo más igualitario, sobre todo por el bajo costo y la rápida construcción asociada con el concreto.