¿Cuál es el objetivo de la neuroarquitectura?
El análisis que la neuroarquitectura practica es objetivo y por eso busca crear espacios que contribuyan a mejorar la productividad, el bienestar de las personas y, en consecuencia, aumentar su calidad de vida.
Gracias a la neuroarquitectura es posible medir las emociones que un espacio en concreto produce y transformarla en una serie de datos. A través de ellos se analiza, científicamente, qué es lo que provocan los edificios en las personas y con ello, buscar herramientas para mejorar.
Ya hemos adelantado que el cerebro es el órgano más complejo del cuerpo humano, algo que la neuroarquitectura sabe muy bien. Y es que esta disciplina puede medir, por ejemplo, qué siente alguien cuando entra en una habitación de un color específico; qué pasa si la habitación está muy fría o muy caliente o si la persona toca las paredes y estas son lisas o rugosas.
En cualquier caso, los niveles de ansiedad y estrés varían considerablemente, al igual que el ritmo cardíaco. Buena parte de las mediciones de neuroarquitectura se hacen gracias a unas gafas de realidad virtual. ¿Algo del futuro? +
Un virólogo, el padre de la neuroarquitectura
La neuroarquitectura no es nada nueva, ya que surgió a mediados del siglo XX gracias a Jonas Salk, que descubrió la vacuna para la polio. El famoso virólogo hizo un viaje de desconexión a Italia, a un monasterio franciscano del siglo XIII, en la Basílica de San Francisco de Asís. Este complejo es de estilo románico lombardo, cuenta con dos templos superpuestos y un claustro precioso. El templo superior del monasterio es un remanso de paz y es todo un referente para el mundo de la arquitectura y el arte.
Después de ese tiempo en retiro, el virólogo logró concluir sus investigaciones para la vacuna de la polio. Pero Salk estaba convencido de que si había terminado sus estudios con éxito, había sido gracias a la Basílica de San Francisco de Asís. Fue así como, en 1965, él y el arquitecto Louis Kahn construyeron el Instituto Salk.
El recinto se erigió sobre un acantilado en La Jolla, California. Cuenta con un patio interior que recuerda la grandiosidad de una catedral; tiene sobriedad y proporciones capaces de impresionar a cualquiera. El Instituto Salk sirvió para sentar las bases de la neuroarquitectura y hoy en día es todo un referente y ejemplo en la materia.